Carlo me hizo enloquecer

Esto sucedió el invierno de 2012

Un día con la prisa de cortarme el pelo caí en esa estética, pregunté quién era el mejor y me asignaron a Carlo.

Le pedí un corte especial y sobrepasó mis expectativas, me hizo algo increíble y por eso decidí volver varias veces a ese lugar.

Bastante serio al principio, un rubio alto, con el pelo ondulado a media espalda, delgado, muy profesional en su trato.

Un día que me fui a cortar entablamos una charla más profunda y me contó de su carrera, muy interesante y le dije que tenía contactos, que me diera sus datos, así fue como obtuve su número.

 

Soy un tipo buga, no digo bisexual porque no me gustan los hombres, soy más bien morboso, vivo de la emoción de la adrenalina y por ello me atraen los encuentros sexuales con hombres, lo he hecho un par de veces y aunque ha sido rico hasta este momento nada me ha sorprendido o me ha hecho siquiera comparar el placer con el de estar con una mujer.

 

Rondando por mi cabeza, una de esas temporadas que me dan de fantasías, empecé a coquetear con probar con otro hombre, pero que complicado tener un encuentro así con el riesgo que significa, eso es lo que me llega a detener, pero era algo que tenía en la cabeza.

 

Cierto día, recuerdo perfecto que estaba súper pacheco en mi casa, me puse a recordar las pocas veces que había tenido un encuentro con otro hombre pero no lograba calentarme, estaba solo en casa, ella había salido de viaje, entonces estaba libre para masturbarme con tranquilidad.

 

Pensaba y pensaba en esas veces pero no era el suficiente morbo como para conseguir una erección sería, así que me puse a ver el teléfono y di con el número de Carlo, empecé a pensar y fue entonces cuando vino la calentura.

Marqué, sonó varias veces hasta que contestó:

 

  • Habla Carlo
  • Hola, soy Damián, recién fui a cortarme el pelo y me contaste de tu carrera
  • Si claro, qué tal?, iba de salida
  • No nada, si estás de prisa te busco luego
  • No te preocupes, dime, en qué te puedo servir?

 

Fue entonces cuando el nivel de mi erección era ya obsceno, ahí estaba yo tan cerca de hacerlo y a la vez con esa adrenalina del riesgo, era rico, excitante, prohibido, muy morboso.

 

  • Nada, pues te marcaba para hacerte una pregunta, solo que te pido lo manejes confidencial si es posible
  • Si dime, lo que sea
  • … (silencio)
  • Hola, estás ahí?, qué me ibas a preguntar?

Contuve el aliento, me armé de valor y le dije lo que nunca me imaginaría, esas cosas solo habían vivido en mi cabeza pero era yo en esta ocasión, quien las convertía en realidad, fue entonces cuando pude decirle:

 

  • Carlo, tengo muchas ganas de chupártela, quieres?
  • … (silencio)
  • Sabes?, recién termino con una persona, no se, me sorprendes, no se que decir, estoy confundido, estoy medio saliendo con alguien, en verdad discúlpame.

 

Me quedé helado y me despedí, me tragué toda mi calentura pero cuando me calmé entendí que no estaba obligado a caer en mis juegos, lo tomé con calma y me puse a hacer otra cosa.

Pasadas unas 4 horas Carlo me llama, estaba por dormir una siesta cuando sonó el celular y contesté:

 

  • Hola
  • Hola soy Marco, puedes hablar?
  • Si, claro
  • Pues nada, me quedé pensando en lo que me dijiste y si, me late, no puedo ocultar que me sorprendiste y me subiste el ego hasta las nubes, eres un tipo guapísimo pero no se, nunca imaginé tener un chance y no supe que decir. Si no te has arrepentido podemos vernos.

 

Ahí estaba, rendido a mis caprichos, por supuesto que no iba a resistir la tentación, yo sabía como me veía, cuando me cortaba el pelo me acariciaba, me coqueteaba todo el tiempo y aunque era serio, yo sabía que lo seducía bastante.

 

  • Qué bueno que te animas, todo sin rollos, vas a ver.
  • Claro que si, vamos a vernos, qué sugieres?

 

Y fue así como quedamos de vernos, yo no se como manejar lo que me pasó, pero estaba excitado, muy fantasioso, miedoso, caliente, pero sobre todo emocionado, una sensación especial. Había tenido tantas fantasías y ahora estaba muy cerca de hacerlas realidad.

 

La semana previa al encuentro fue de coqueteo, mensajitos e intercambio de fotos. Todos los días amanecía con terribles erecciones, durante el día buscaba donde masturbarme y en las noches no le daba tregua a mi pene, simplemente andaba enloquecido, sus fotos, su forma de hablar, lo sutil de la comunicación, era muy emocionante pero yo no podía más.

Entre las fotos que me enviaba eran generalmente en tanga y de espaldas, se notaba y lo dejaba claro, que era pasivo, me calentaba, pero estaba curioso en ver su miembro y le pedí que me mostrara, pasaron unos minutos y llegó un mensaje que decía: “soy Venti”, y era su pene a un lado de un vaso de café tamaño Venti de Starbucks, larguísima, rubia, todo lampiño, preciosa, no dejaba de verla todo el día, incluso en juntas buscaba la forma de mirar un momento sendo monumento.

 

Mis fotos lo tenían muy caliente, luego explicaré porqué y cada día se notaba más confiado y deseoso del día del encuentro, varias veces llegó a decirme: “ya te quiero ver” y yo me ponía a mil. Contaba las horas y eran ya un par de días para vernos.

 

 

El día llegó y yo llevaba dos sin masturbarme, totalmente enloquecido de lujuria, morbo y deseo, esperaba con ansias la tarde para pasar a recogerlo en el lugar que acordamos. El plan era ir a tomar un café y platicar, luego ver que onda, pero en cuanto subió y lo vi decidí saltarme ese paso. Manejé tranquilamente mientras sosteníamos una cortada, lenta y tímida conversación, ambos estábamos nerviosos, por ello preferí preguntarle:

 

  • Todo bien?, no pasa nada si no te late
  • Si, me encanta la idea pero te noto nervioso, como con miedo, yo no voy a decir nada, lo deseo igual que tu, ¿quieres hacerlo?

 

Morí de ganas, me dirigí a casa y empecé a acariciar su pierna, el me daba la mano, eso me calentaba, me hacía sentir algo sucio, prohibido, pero me gustaba y lo mejor, lo disfrutaba.

 

Llegamos a casa y fuimos directo a mi cuarto, abrí el balcón y saqué un porro de mota, le brillaron los ojos, salimos y fumamos hasta terminarlo, moríamos de risa, era muy fuerte, estuvimos unos minutos riendo hasta que cerré la puerta y entramos, lo tomé de la mano y lo llevé a la cama, notaba su erección sobre los pants, yo estaba muy caliente; me empezó a besar, no lo podía creer, sentía igual o mejor que con una mujer, nos fuimos desnudando lentamente hasta que ambos quedamos en calcetas blancas, algo que le había pedido, su piel era suave, totalmente lampiño, una tanga diminuta que hacía ver su culo enorme, parado y duro. Nos abrazamos, besamos y acariciamos sin parar, ambos jadeando de placer, no pude más, me incorporé, lo acosté dejando ver su tanga con ese miembro doblado luchando por salir, le vendé los ojos y lo acaricié besando su cuerpo desde los pies que lamí detenidamente, toqué su abdomen, besé sus pechos, mordía despacio su cuello y besaba sus labios suavemente, estaba muriendo, el pobre no podía más.

 

Bajé lentamente hasta llegar a su cintura para poder quitarle la tanga, pero que sorpresa cuando por fin se pudo liberar, era un trozo enorme, duro, rubio, precioso, erecto de una forma obscena que nunca había imaginado.

Lo contemplé unos momentos, largo, rubio y entregado con esa verga al aire deseando la calma de mis caricias, mi cabeza daba vueltas, sabía que eso no “era normal”, pero que carajo, yo lo deseaba y lo disfrutaba al máximo.

 

Acaricié suavemente su pito duro, lo pasé por mi cara suavemente, lo olí, lo rosé con mi nariz y le pasé mi lengua a lo largo varias veces, todo un rito previo a la sorpresa que le tenía preparada.

 

Lo tenía justo como quería, como un sultán recibiendo todo mi placer, eso me hacía sentir lleno de adrenalina, lo tenía perdido en mi mano y con mis caricias su erección era fenomenal.

Me agaché, pase mis labios y de lado mordí suavemente ese juguete de carne, lo puse recto y muy despacio lo fui metiendo en mi boca mientras Carlo gritaba de placer, sentía sus latidos al chupar su verga, con paciencia evité los ascos que dan espasmos cuando la tragas y me acostumbré a meterla toda hasta desaparecerla en mi.

Lo sentí casi a punto y me retiré para acomodarme cerca de él, ya podíamos comernos mutuamente, mi verga aun más grande, gruesa y gorda reventaba el bóxer y cuando me los quitó también mi miembro saltó, lo miró, lo tocó y a los ojos me dijo:

 

  • Dios mío, la tienes enorme, está preciosa

 

Y empezó a comerme divino, sentía un placer inigualable que se combinaba con las caricias y mamadas que le daba a su pito enorme, quería fotografiarlo o grabarlo para verlo miles de veces.

Algunas veces lo tragué tan rudamente que me hizo salivar lo suficiente para barnizar su miembro de saliva con mi mano que lo sostenía como un trofeo en tanto que yo lo metía y sacaba de mi boca una y otra vez.

 

Carlo logró lo que nunca nadie, se tragó todo mi pene y además con la lengua me daba masajes en los huevos, le gustaba que lo viera, ambos estábamos sincronizados y disfrutando el momento. Sentía sus manos manosear mis nalgas y apretarme hacia él en cada embestida que le daba a mi verga, sin duda me estaba enloqueciendo.

 

La escena me llenaba de lujuria, hacía que perdiera los estribos, yo también manoseaba su culo duro y parado, sentía delicioso el recorrer esa piel suave lampiña con mis manos grandes.

 

Nos movíamos al mismo tiempo, llenamos el ambiente de suspiros y jadeos, cambió el ritmo y se la empezó a comer toda muy, pero muy despacio, yo me la estaba tragando toda pero ya estaba a punto de venirme, sentía su boca abrazando mi pene, me daba placer por todas partes, sabía como chuparme, parecía que yo le dictaba cada movimiento, manoseaba mis nalgas con cadencia, volteaba a verme y se volvía a acostar, todo me ponía a mil, estaba llegando a mi límite.

Carlo sintió mi verga más dura así como cuando empecé a temblar, estaba a segundos de eyacular, yo perdía la respiración y dejé de chuparlo, empecé a respirar fuertemente, constante, ajetreado y llegando a un nivel de placer que jamás había imaginado, me sentí suspendido en el aire por unos momentos, un escalofrío pasó centelleando todo mi cuerpo, un calambre dulce surgió desde los testículos y paralizó aun más mi duro pene que entraba y salía de su boca, me faltó el aire, se detuvo el tiempo unos segundos, cerré los ojos, con total egoísmo me dejé llevar, dejé que todo se saliera de control y estallé vigorosamente dentro de su boca que bajó el ritmo y se fue deteniendo lentamente, yo seguía sintiendo espasmos de eyaculación, fueron muchas, no recuerdo alguna mejor, con su boca seguía acariciándome hasta volver en mi, recuperar el conocimiento, regresar a la realidad perdiendo poco a poco la erección.

 

Me incorporé y lo acosté, cayó rendido, pero su falo seguía duro, yo lo llenaba de saliva, lo manoseaba y contemplaba, lo volví a poner a tope, se la volví a mamar como nunca me imaginé, igual que yo, empezó a temblar, sentí su miembro engrosar dentro de mi boca y salí de ahí, detuve su miembro fuertemente y dejé que sus chorros cayeran en mi pecho, parecía no terminar nunca; finalmente dejó de tirar semen, lo limpié con la mano y lo chupé hasta dejarlo flácido en mi boca.

 

Me recosté, se acercó a mi y abrió la cama, entré y nos empezamos a besar, era diferente, lo veía tan prohibido pero me llevaba a las nubes, lo besé apasionadamente y lo abracé dulcemente, se acurrucó en mi y nos quedamos dormidos.

Al día siguiente la luz me hizo despertar, ahí seguía desnudo como un dios griego, acostado sobre mi, lo contemplé unos minutos y empecé a acariciar su nalgas perfectas, tenía además un culo precioso, redondito, duro, paradito, su piel perfecta, me encantaba, lo quería volver a hacer, me había gustado mucho.

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